ARGENTINA AVANZA EN LA LUCHA CONTRA EL TRAFICO DE FAUNA SILVESTRE

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ARGENTINA AVANZA EN LA LUCHA CONTRA EL TRAFICO DE FAUNA SILVESTRE

NUEVO PROTOCOLO PARA FRENAR EL TRÁFICO ILEGAL DE ANIMALES SILVESTRES

Un nuevo protocolo busca detectar y frenar el tráfico ilegal de animales silvestres en los aeropuertos

Argentina dio un nuevo paso para combatir el *tráfico ilegal de fauna silvestre* en los aeropuertos del país. La Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) presentó el primer *Protocolo Nacional de Actuación para la Prevención, Detección y Abordaje del Tráfico Ilegal de Vida Silvestre en Aeropuertos*, una herramienta destinada a establecer criterios comunes de actuación en todo el territorio nacional.

El protocolo fue presentado el 7 de agosto en el Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini, en Ezeiza, y es el resultado de nueve meses de trabajo interinstitucional. Durante la jornada fueron capacitados más de 100 efectivos y representantes de organismos como la Policía Federal Argentina, Gendarmería Nacional, Prefectura Naval, Dirección General de Aduanas, SENASA y la Subsecretaría de Ambiente, además de integrantes del Ministerio Público Fiscal.

La iniciativa busca fortalecer la capacidad de los organismos para identificar y detener el traslado ilegal de ejemplares, partes y productos derivados de la fauna silvestre. Según informó la PSA, los aeropuertos pueden funcionar como puntos de origen, tránsito o destino de estos traslados y formar parte de circuitos internacionales vinculados con otras economías ilícitas.

Animales convertidos en mercancía

Entre los casos detectados durante los últimos años aparecen *aves ocultas en equipajes de mano, insectos enviados como carga y trofeos de fauna transportados en valijas despachadas*. Detrás de cada uno de estos procedimientos no hay simplemente “mercadería ilegal”: hay individuos que son capturados de sus ambientes, encerrados, transportados y convertidos en objetos de intercambio.

Desde una perspectiva antiespecista, resulta fundamental modificar la manera en que hablamos de este fenómeno. El tráfico de fauna no consiste únicamente en el traslado clandestino de ejemplares de determinadas especies. Implica convertir vidas individuales en mercancías y asumir que otros animales pueden ser capturados, vendidos, coleccionados, exhibidos o utilizados según los intereses humanos.

El problema, por lo tanto, no comienza solamente cuando alguien cruza un aeropuerto con un animal escondido en una valija. Comienza mucho antes: cuando existe una demanda humana dispuesta a pagar por tener a otro individuo fuera de su ambiente y bajo nuestro control.

Una problemática que alcanza a miles de animales

La magnitud del tráfico ilegal permite dimensionar el problema. Un relevamiento publicado en 2026 por Aves Argentinas, basado en decomisos difundidos durante los últimos 12 años, identificó *15.597 individuos pertenecientes a 226 especies*. El análisis también señaló que las aves son el grupo más afectado y estimó que nueve de cada diez animales capturados mueren después de ser incorporados al circuito del tráfico.

Estas cifras permiten entender que no estamos frente a hechos aislados. Existe una estructura comercial que transforma a animales silvestres en mercancías y que se sostiene mientras exista demanda.

Y aunque los controles aeroportuarios constituyen una herramienta necesaria para detectar estas redes, desde una mirada antiespecista también es necesario cuestionar la raíz del problema: *¿por qué seguimos considerando que tenemos derecho a apropiarnos de individuos de otras especies para satisfacer nuestros deseos?*

Controlar el tráfico también implica cuestionar la demanda

El nuevo protocolo representa una herramienta concreta para mejorar la detección de estos delitos y coordinar la respuesta de las instituciones. Pero ninguna medida de control puede resolver por sí sola una práctica sostenida por la demanda humana.

Un ave no es un objeto decorativo. Un reptil no es una mercancía exótica. Un insecto no es un producto de colección. Y un animal silvestre no deja de ser un individuo por encontrarse dentro de una valija.

Combatir el tráfico de fauna implica perseguir a quienes lucran con estas redes, pero también avanzar hacia una transformación cultural que deje de considerar a los demás animales como recursos disponibles para nuestro consumo, entretenimiento o colección.

Porque detrás de cada decomiso hay una vida que alguien intentó convertir en mercancía.

Y *ningún animal debería tener que ser rescatado de una valija para que recordemos que nunca debió estar allí*.

¿Qué ocurre con los animales después de ser decomisados?

El destino de los animales recuperados puede variar según la especie, su estado y las condiciones del caso. Por eso, no todos pueden simplemente ser liberados. En aquellos individuos que pueden ser rehabilitados y cuyo regreso a la naturaleza resulta viable, el objetivo puede ser su reinserción en ambientes adecuados; otros pueden requerir permanecer bajo cuidado especializado.

Este punto también merece atención: *el rescate no devuelve automáticamente a un animal la vida que tenía antes de ser capturado*. Para muchos individuos, el tráfico implica una ruptura, una cadena de intervenciones humanas de la que puede resultar imposible regresar completamente.

Por eso, además de fortalecer los controles, resulta imprescindible reducir la demanda y cuestionar la lógica que permite que la vida silvestre sea tratada como una mercancía.

aves en jaulas

 

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